Demasiados

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Es relativamente curioso como recuerdo a Reina diciéndome “Eso, esooo”; típico del caraqueño, cuando le conocí.

En ese entonces no había nada remotamente planeado. Ni nos habíamos visto. Era, sencillamente, una de las personas más interesantes que tuve oportunidad de conocer por este medio. No desperdicié oportunidad de decirle lo admirable que me parecía, todavía me parece cada día más.

Pensaba yo que era quizás demasiado interesante para que, realmente, pudiese conocerle. Quizás un poco demasiado Sabina, un poco demasiado real, un poco demasiado inteligente, un poco demasiado cruda, un poco demasiado gustosa, un poco demasiado honesta, un poco demasiado sabor con suficiente sal.

Genial error. Me alegro de ser humano, es de esas cosas que tienen mucho y poco sentido que tanto me gustan; si no fuera humano para ver las paradojas de mi persona y símiles, no podría criticarnos.

En todo caso, últimamente mejor tener cuidado con la diabetes cuando soy leído.

Estoy totalmente extasiado por todo aquello que salió hoy, incluso ese par tonto de lágrimas que confieso acá en silencio para algunos.

En otras noticias, aprovecharé las vacaciones que recién inicio para escribir un ensayo sobre la Histórica Económica de Venezuela, con intención de participar en el concurso de ensayos de CEDICE. Ya elegí tema y todo, con ayuda de mi profesora de Teoría Política.

Caprichos y qué más…

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No sé, el tiempo hoy pasó de forma tontamente extraña. Todavía no lo descifro. Parece mentira y casi necesito comprobar si la vi ayer. Si no le vi ayer, ciertamente la vejez me estaría afectando; pero estoy seguro de que pasó.

Y sin embargo, me siento como si los días hubiesen pasado con capricho peculiar. Quizás sea cuestión de celos, porque ahorita no está conmigo; esos celos que reprimo porque a nadie le gusta ser ahorcado.

Podría decir que reprimo los celos por ella, quizás sea así. Por otro lado, podría ser simple vanidad; esa vanidad que siempre he defendido en el hombre, el cual tiene derecho a tenerla. Vanidad por no querer quedarme solo, ya que si le celara de forma más obvia, huiría de mi.

Aún así, no tengo motivos para celos. Tengo cierta confianza, ese no sé qué, ha aparecido gracias a nuestra relación. Algo que va por conocer a sus amigos y familia, que a su vez me permite conocerla mejor, confiar más en ella, sentirme más a gusto con ella; sentir que se abre cada día un poco más a mi esa sonrisa de labios color rojo fuego.

Y en momentos así, en que la extraño como si los siglos pasaran desde ayer, nuestro último encuentro, le aprecio; y con ella a mi lado le aprecio aún más, y si ahí me muerdo los labios no es por las mismas razones que ahora.

Los Formales y el Frío

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales.

Mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta.

Como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche.

Y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios, los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos.

Una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre.

Él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

Mario Benedetti

De esas palabras para ingenuos

Lo único que me mueve en momentos como estos, que me mantiene de pie y en relativa cordura, cuando es tan difícil y me desespero en mi psicosis absurda es que ella, algún par de veces, me dijo “Yo también te quiero”. Ingenuo yo.

Decisiones y esas cosas poco importantes de gran trascendencia

Llegó un punto en que estaba atrapado entre unas notas mortificantes en la Universidad. Al borde de reprobar el semestre, dos meses atrás, me veía ahogado en problemáticas.

Mi materia favorita, aquella en que aparentemente más aprendía, me recompensaba con un 07/20 que no es menos que la demostración de que debía esforzarme ampliamente.

Así pues, entre un esfuerzo que nunca había aplicado a mis estudios, motivado por la hermosa señorita de quien me he enamorado, me encontré estudiando arduamente y trabajando con optimismo. El resultado ha sido más que satisfactorio.

Si bien la materia es exigente y no obtendré el 20 que uno siempre desearía, a mi desarrollo académico e intelectual puedo agregar toneladas que he extraído de mi muy amada y admirada profesora Nancy Requena.

A ello se suma una cantidad de autores en los que estoy sumergiéndome por causa personal y un hábito de lectura y estudio profundo que estoy desarrollando.

En este momento en que afronto grandes retos decido aportar un reto aún mayor. Una segunda carrera para mi desarrollo académico. Con ello en mente, apenas sea la apertura de preinscripciones en la Universidad Central de Venezuela, presentaré los recaudos correspondientes para intentar entrar en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Mi meta es la Escuela de Economía.

Abundando en mis estudios, en la plenitud de mi vida personal, me encuentro tomando un rumbo complejo. Difícil será mantener las dos carreras, pero no imposible.

Tengo miedo absoluto del fracaso en el proceso de inscripción. Desconfío de éste proceso en la Universidad Central. Esta lleno de corrupción y fraude, la muy conocida “palanca”. Personalmente incluso he pensado en buscar recurrir a dicha corrupción yo mismo para darme aire en la selección, pero igualmente no cuento con esos medios; mi orgullo es grande, pero mi interés por desarrollarme es superior.

La carrera de Economía es de compleja aceptación, no es fácil entrar presentando la Prueba de Ingreso. Pero, ciertamente, no voy a rendirme aunque no sea aceptado para este semestre. Presentaré hasta entrar, de fallar en los exámenes, enviaré cartas de reconsideración y haré lo que sea pertinente. La economía es de mi interés.

No me detengo ahí en estas decisiones “poco importantes de gran trascendencia”.

Después de verme como un bruto y salvaje contradictorio, de esos que defienden la virginidad a través del sexo, tomé la resolución de filtrar mis ideas arduamente. Ello a través de un amplio desarrollo de mi vida académica la cual espero tenga buenas consecuencias.

Debo alejarme de mi fundamentalismo exagerado, mis tendencias impositoras, adoptar aquello que dice John Stuart Mill: parte de la libertad es aceptar la propia falibilidad, no siempre podemos tener la verdad, la idea que censuramos puede ser la verdadera; o lo que es más común, ambas ideas pueden compartir una parte de la verdad.

Me adentraré en la búsqueda de las verdades con el estudio abierto de tantas tendencias y posiciones como me sean posibles. No quiero apartarme de mis ideas que orgullosamente defiendo de liberal. No deseo alejarme de mis ideas en contra de la intervención estatal. Pero hay puntos que he de revisar arduamente, si he de estudiar marxismo para ello, lo haré.

Y con ello, sin querer ser considerado por aquella persona a quien quiero un “nazi”, deseo replantarme un meticuloso estudio para comprender mejor estas realidades que se me plantean. Ello sin moldear mis opiniones a la mentalidad ajena, deseo mantener mis principios y defenderlos; pero cuando uno ve un error en ellos –u otra persona los hace notar- debe reformularlos.

Ahora, tengo que dejar en claro un par de cosas a esa persona de tanta importancia para mi. Primero que nada, que no desprecio sus ideas lo cual, en tono jocoso, debo haberle echo pensar muchas veces sin intención. Por suerte, me enfrento a una persona más que razonable, capaz e inteligente.

Otra de esas decisiones que he tomado es la de dejar a un lado un pequeño sueño de hace varios años. Al graduarme de bachillerato, sociología siempre fue una carrera en la que deseé abundar. Temo que he de dejarlo a un lado. Por recomendación de mi querida profesora, no aporta a mis estudios liberales; mi interés lo dejaré meramente en una tendencia autodidáctica en mi tiempo libre de las ideas de los principales sociólogos.

En bachillerato consideraba yo que la sociología era para economistas frustradas (idea que ciertamente no mantengo desde hace uno o dos años). Pues, aparentemente yo que deseo estudiar economía, seré un sociólogo frustrado.

Errrr Verrrgatario

Compra ya tu vergatario.

“La respuesta es simple, siempre hace lo que le sale de los huevos” Sí, es verdad. “Es rígido, vibrante, se guarda cerca de los testículos y siempre busca cobertura”… “Me da una funda para mi vergatario que no quiero que se me raye”.

Sí vale, muy hilarante, no queda más que tomar este gobierno con humor.

La propiedad social es sólo un símbolo

Buen editorial de Noticiero Digital que tomo el atrevimiento de hacer extensivo por este medio:

Es apenas una quimera, un imposible, una inviabilidad. A los seguidores del régimen militar y comunista de Hugo Chávez les gusta definirla como “aquella que pertenece al pueblo en su conjunto y las futuras generaciones”. Una definición que ni siquiera llega a ejercitar a la imaginación. ¿Quién es el “administrador” de esos bienes? Obviamente es un disfraz del más puro estatismo, es el vasallaje colonial con nuevo nombre.

Este domingo en cadena nacional, como si fuese el Rey Fernando VII, el presidente Chávez ordenó la confiscación de 10.000 hectáreas de haciendas en plena producción. Son cien millones de metros cuadrados que pasarán a la disposición de la oligarquía comunista chavista. El presidente Chávez no tuvo ni la cortesía revolucionaria de mostrar los “logros” de las expropiaciones anteriores: No lo hizo porque no existen.

A los esclavos se les liberó permitiéndoles cobrar por sus servicios y la posesión de bienes, para ellos y sus descendientes. La doctrina social de la iglesia describe la propiedad de manera impecable.

Ya el viernes pasado, en otra cadena nacional, Hugo Chávez había anunciado que tanto la tierra como el “capital” pasarían a ser de capital social, refiriéndose al capital como las maquinarias y equipos. Por eso titulamos nuestro comentario: Adiós Polar, adiós mototaxi.

El afán del gobierno militar y comunista de Chávez por convertir la palabra “social” en “algo bueno para los pobres” se queda en la simbología de la palabra, arrebatada al sentido ciudadano de sociedad, para convertirla en propaganda oficialista. La perlada “propiedad social” no es social ni es propiedad. Son hatos gubernamentales.

Hugo Chávez y su camarilla pretenden pretender instaurar un nuevo vasallaje en Venezuela, el de los propietarios sociales.

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