Llegó un punto en que estaba atrapado entre unas notas mortificantes en la Universidad. Al borde de reprobar el semestre, dos meses atrás, me veía ahogado en problemáticas.
Mi materia favorita, aquella en que aparentemente más aprendía, me recompensaba con un 07/20 que no es menos que la demostración de que debía esforzarme ampliamente.
Así pues, entre un esfuerzo que nunca había aplicado a mis estudios, motivado por la hermosa señorita de quien me he enamorado, me encontré estudiando arduamente y trabajando con optimismo. El resultado ha sido más que satisfactorio.
Si bien la materia es exigente y no obtendré el 20 que uno siempre desearía, a mi desarrollo académico e intelectual puedo agregar toneladas que he extraído de mi muy amada y admirada profesora Nancy Requena.
A ello se suma una cantidad de autores en los que estoy sumergiéndome por causa personal y un hábito de lectura y estudio profundo que estoy desarrollando.
En este momento en que afronto grandes retos decido aportar un reto aún mayor. Una segunda carrera para mi desarrollo académico. Con ello en mente, apenas sea la apertura de preinscripciones en la Universidad Central de Venezuela, presentaré los recaudos correspondientes para intentar entrar en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Mi meta es la Escuela de Economía.
Abundando en mis estudios, en la plenitud de mi vida personal, me encuentro tomando un rumbo complejo. Difícil será mantener las dos carreras, pero no imposible.
Tengo miedo absoluto del fracaso en el proceso de inscripción. Desconfío de éste proceso en la Universidad Central. Esta lleno de corrupción y fraude, la muy conocida “palanca”. Personalmente incluso he pensado en buscar recurrir a dicha corrupción yo mismo para darme aire en la selección, pero igualmente no cuento con esos medios; mi orgullo es grande, pero mi interés por desarrollarme es superior.
La carrera de Economía es de compleja aceptación, no es fácil entrar presentando la Prueba de Ingreso. Pero, ciertamente, no voy a rendirme aunque no sea aceptado para este semestre. Presentaré hasta entrar, de fallar en los exámenes, enviaré cartas de reconsideración y haré lo que sea pertinente. La economía es de mi interés.
No me detengo ahí en estas decisiones “poco importantes de gran trascendencia”.
Después de verme como un bruto y salvaje contradictorio, de esos que defienden la virginidad a través del sexo, tomé la resolución de filtrar mis ideas arduamente. Ello a través de un amplio desarrollo de mi vida académica la cual espero tenga buenas consecuencias.
Debo alejarme de mi fundamentalismo exagerado, mis tendencias impositoras, adoptar aquello que dice John Stuart Mill: parte de la libertad es aceptar la propia falibilidad, no siempre podemos tener la verdad, la idea que censuramos puede ser la verdadera; o lo que es más común, ambas ideas pueden compartir una parte de la verdad.
Me adentraré en la búsqueda de las verdades con el estudio abierto de tantas tendencias y posiciones como me sean posibles. No quiero apartarme de mis ideas que orgullosamente defiendo de liberal. No deseo alejarme de mis ideas en contra de la intervención estatal. Pero hay puntos que he de revisar arduamente, si he de estudiar marxismo para ello, lo haré.
Y con ello, sin querer ser considerado por aquella persona a quien quiero un “nazi”, deseo replantarme un meticuloso estudio para comprender mejor estas realidades que se me plantean. Ello sin moldear mis opiniones a la mentalidad ajena, deseo mantener mis principios y defenderlos; pero cuando uno ve un error en ellos –u otra persona los hace notar- debe reformularlos.
Ahora, tengo que dejar en claro un par de cosas a esa persona de tanta importancia para mi. Primero que nada, que no desprecio sus ideas lo cual, en tono jocoso, debo haberle echo pensar muchas veces sin intención. Por suerte, me enfrento a una persona más que razonable, capaz e inteligente.
Otra de esas decisiones que he tomado es la de dejar a un lado un pequeño sueño de hace varios años. Al graduarme de bachillerato, sociología siempre fue una carrera en la que deseé abundar. Temo que he de dejarlo a un lado. Por recomendación de mi querida profesora, no aporta a mis estudios liberales; mi interés lo dejaré meramente en una tendencia autodidáctica en mi tiempo libre de las ideas de los principales sociólogos.
En bachillerato consideraba yo que la sociología era para economistas frustradas (idea que ciertamente no mantengo desde hace uno o dos años). Pues, aparentemente yo que deseo estudiar economía, seré un sociólogo frustrado.